Crece el uso de bioinsumos en Argentina: Mendoza lidera los cultivos orgánicos

La producción orgánica representó un mercado de 124 millones de dólares en 2024 para el país, con provincias líderes como Mendoza y Río Negro. Perspectivas y desafíos para la agricultura del futuro.

Los bioinsumos crecen a ritmo acelerado en el país. Son productos de origen natural aplicados en la agricultura para mejorar la salud del suelo, nutrir las plantas y controlar plagas. Se consideran una alternativa sostenible a los productos químicos en la agricultura.

Su uso requiere una certificación de producción orgánica que valida el SENASA. La producción orgánica es un modo de producción sustentable que utiliza bioinsecticidas, biofertilizantes y demás insumos naturales en los cultivos. Es el diferencial con respecto a los métodos tradicionales que utilizan agroquímicos.

Esa superficie orgánica cosechada ya es de casi 100.000 hectáreas en total, según los últimos datos publicados por el SENASA. Los principales destinos de exportación son Estados Unidos y la Unión Europea, con 54% y 27% respectivamente.

“La práctica orgánica tiene varios beneficios. Por un lado, incrementa la producción, y por el otro, mejora la eficiencia en la absorción de nutrientes”, explicó Joaquín Basanta, presidente de Agro Sustentable, empresa que fabrica y comercializa bioinsumos y brinda servicios de agrotecnología. “Además de los mejores rendimientos, los bioinsumos se están convirtiendo en la puerta de entrada a los mercados internacionales”, agrega Basanta. Su firma exporta servicios agrotecnológicos a España desde 2023.

En la campaña 2024, la firma evidenció la eficacia de los bioinsumos en plantaciones comerciales de ajo, consiguiendo un incremento mayor al 20% en el rendimiento con respecto a los testigos. Las demostraciones se realizaron en diferentes localidades de Mendoza. Otro dato interesante de la producción orgánica es que muestra mayor vigor, sanidad y resistencia a condiciones adversas.

Boom de bioinsumos: provincia por provincia

Los bioinsumos se encuentran en plena expansión en el país. Un estudio realizado por Pampas Group y Somera, estableció que el mercado de insumos biológicos en Argentina continúa en expansión, alcanzando en 2024 un valor total estimado de 124,2 millones de dólares, lo que representa un crecimiento del 10,9% en comparación con el año anterior.

El informe indica que “el segmento de los bioinsecticidas tuvo un crecimiento de 109% con una fuerte suba en los productos basados en microorganismos”. Luego le siguen los biofertilizantes con un 68,9% de incremento. Los biofungicidas, en tanto, han tenido un 34% de crecimiento interanual. Los bioestimulantes también consolidan su presencia en el mercado con un incremento del 8,4% respecto al 2023.

Según los últimos datos disponibles del Senasa, durante el 2023 las ventas orgánicas a los Estados Unidos aumentaron 11% respecto de 2022. El mercado interno se caracteriza por una diversidad en la oferta de productos.

El reporte indica que Mendoza ha sido el distrito de mayor incremento de establecimientos dedicados a estas prácticas. Pasó de 312 en 2022 a 335 al año siguiente. Esto implica que la provincia cuyana representa un cuarto del total del país (19%), donde están registrados 1.368 lugares de producción orgánica primaria.

En el ranking también figuran Río Negro con 174 establecimientos, una provincia que también impulsa la producción biológica a través del INTA a través de un proyecto que busca implementar corredores biológicos dentro de montes frutales. Esto se logra mediante la siembra de especies vegetales, principalmente flores, entre las hileras de cultivo. El objetivo de la investigación fue atraer insectos benéficos para que aumenten la eficiencia en el control de plagas.

Además de Mendoza y Río Negro, aparece también la provincia de Buenos Aires (169 establecimientos); Chaco (78); Tucumán (72); Neuquén (64); Chubut (58) y La Rioja (56). La incorporación de bioinsumos en la agricultura se presenta como una solución viable ante el desafío de enfrentar el cambio climático y la necesidad de reducir el uso de agroquímicos. Estos dos factores combinados han generado políticas en los países centrales para privilegiar este tipo de producción sobre la tradicional.

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